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Variedad de Platillos, Variedad de Emociones

  • Valeria Melissa Pacheco Mena
  • 29 ene 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 23 feb 2025

TUS EMOCIONES AL CONECTAR CON EL MUNDO

29 de enero, 2025


Sabemos que comer es una actividad necesaria en el ser humano para sobrevivir; debe realizarse 3 a 5 veces al día y contener los nutrientes necesarios para el cuerpo, y este, tenga la energía suficiente para trabajar correctamente por un día de manera eficiente (considerando también la ingesta adecuada de agua potable y dormir las 8 horas de sueño recomendadas).


Pero más allá de la supervivencia, nosotros buscamos el disfrute. Desde siempre, el ser humano ha convertido la comida en una experiencia sensorial, pero con el tiempo, se volvió una cualidad importante para la vida diaria. 


Estamos diseñados para percibir una amplia gama de sabores: dulce, salado, ácido, amargo y umami; con esto, y considerando también la variedad de olores, texturas y combinaciones, se amplifica el goce de comer.


Hablando más en el lado de la ciencia, cada uno activa diferentes áreas del cerebro relacionadas con el placer (por ejemplo, la dopamina, que genera felicidad). Este diseño evolutivo hizo que las personas buscaran combinaciones que les resultaran agradables, como el equilibrio entre lo dulce y lo ácido o la intensidad de un platillo picante. Por eso, es que ahora tenemos un sinfín de platillos diferentes, una mezcla de ingredientes infinitos que nos llevan a mundos nuevos de gastronomía.


También, la comida se convierte en un símbolo de lujo y celebración. Preparar algo especial o comer tu platillo favorito como parte de recompensa o triunfo a algo lleva de igual manera a sentir emociones.


O tenemos a los chefs, el acto de combinar ingredientes y experimentar con técnicas también puede ser una fuente de diversión y satisfacción. Cocinar y crear algo único activa la creatividad humana y, al mismo tiempo, recompensa con el disfrute del resultado final.


Pero ¿sabes?, la comida no solo genera la emoción de placer, va más allá. Por ejemplo, cuando yo iba a la primaria, recuerdo que mi mamá siempre me hacía mi lunch: un sándwich, una torta o quesadillas (casi siempre una de esas opciones) y fruta, pero de vez en cuando, tal vez un día que no le dio tiempo a mi mamá cocinar, o solo para consentirme, mi mamá me compraba una torta de mole rojo, que vendía una señora fuera de la escuela en las mañanas, y no tienen idea de lo rica que estaba esa torta, además, no cualquiera puede hacer un buen mole y desde cero (para los que no sepan, lleva demasiado ingredientes). Entonces, cada vez que como una buena torta de mole, es como si viajara al pasado y estuviera en el recreo comiendo esa torta, cuidando de no ensuciar mi uniforme. También me pasa con los sándwiches y tortas de jamón con queso (mis favoritas), recuerdo a mi mamá preparándolo en la mañana mientras yo aún medio dormida, desayunaba cereal con leche, fruta picada o un taco del guisado de ayer. Y eso, me llena de nostalgia, de amor, de gratitud.


La comida evoca emociones y demasiados recuerdos. El olor de un pan recién horneado, el sabor ácido de tu dulce favorito, el postre que comías seguido con tu ex o una combinación loca que creaste con tu amigo o amiga cuando eran niños, todo esto puede generar muchos tipos de sensaciones, unas más agradables que otras claro está, pero al final, podemos ver, que la comida forma parte de nuestra historia, de nosotros y de la conexión con el mundo.





Valeria Melissa Pacheco Mena




 
 
 

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