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Tus emociones “negativas”, en realidad no lo son

  • Valeria Melissa Pacheco Mena
  • 25 feb 2025
  • 3 min de lectura

TUS EMOCIONES AL CONECTAR CON EL MUNDO

24 de febrero, 2025


Hasta el momento, en esta sección, he hablado sobre las cosas que llenan el alma, actividades cotidianas que, sin darnos cuenta, le dan sentido a nuestra existencia (disfrutar de una buena comida, escuchar la música con la que te identificas, ver una película o serie, crear arte, comprender que somos arte), pero lo he hecho desde un enfoque “positivo”, ya que sí, generalmente nos dan confort en el corazón, nos dan una sensación de felicidad, emoción, amor…


Por eso, ahora, quiero hablar sobre esas emociones “negativas”, que definimos como malas, que debemos evitar, como si fueran un error, porque claro, al ser emociones que duelen, pues no es algo que nos gustaría estar sintiendo tan seguido.


Y eso lo puedo entender, el verdadero cuestionamiento viene en que nos han enseñado que la tristeza, la rabia, el miedo y la decepción, por ejemplo, son obstáculos en nuestra vida, sentimientos de los que debemos huir para alcanzar la felicidad. Sin embargo, lo que rara vez nos dicen es que estas mismas emociones son esenciales para la conexión con nosotros mismos y con el mundo. Sin ellas, nuestra existencia sería superficial y nuestra capacidad de empatizar con otros sería poca.


Todos hemos sentido el dolor de un corazón roto, ya sea por el fin de una relación, la pérdida de un ser querido o una traición inesperada, todos hemos sentido esa punzada en el pecho que nos recuerda lo frágiles que somos. Pero en ese dolor también encontramos un lazo con los demás. ¿Cuántas veces hemos compartido nuestras penas con un amigo y hemos sentido alivio al saber que alguien más entiende nuestro sufrimiento? ¿Cuántas canciones, poemas o historias han nacido del desamor, tocando las fibras más profundas de quienes las escuchan? El sufrimiento nos une porque nos recuerda que no estamos solos en nuestras batallas internas.



El enojo y la rabia son emociones que suelen estar mal vistas. Se nos dice que debemos controlar nuestro temperamento, que la ira solo trae conflictos y que perder el control es una muestra de debilidad. Sin embargo, la rabia también puede ser un motor de cambio. La indignación ante una injusticia nos impulsa a alzar la voz, a buscar soluciones y a unirnos con quienes han pasado por lo mismo. Nos permite conectar con otros que comparten nuestro sentimiento y nos ayuda a encontrar una causa común.  Además, ayuda a cada persona a conocerse, ¿hasta cuánto es su límite?, ¿qué no le gusta de alguien o de alguna situación? ¿por qué siente esa molestia? Eso también forma parte de la personalidad, y aunque es cierto que hay que saber controlarla, también hay que saber aceptarla, comprenderla, explicarla.


El miedo, otra de las emociones más estigmatizadas, también tiene su lado positivo. Nos obliga a analizar nuestras decisiones con más cuidado. Pero además de eso, el miedo nos recuerda que estamos vivos. Y cada vez que damos un paso fuera de nuestra zona de confort, cada vez que enfrentamos lo desconocido, nos convertimos en una mejor versión de nosotros mismos. Y cuando compartimos nuestras inseguridades con los demás, nos damos cuenta de que no somos los únicos que sentimos temor. Esa vulnerabilidad nos hace más humanos.


La tristeza, la decepción y la culpa son emociones que nos hacen sentir rotos, como si algo dentro de nosotros hubiera fallado. Pero si observamos con atención, veremos que estas emociones nos enseñan lecciones valiosas. La tristeza nos permite apreciar la felicidad cuando llega, la decepción nos ayuda a saber mejor en quién confiar y la culpa nos da la oportunidad de reflexionar y mejorar. 


Si nunca experimentáramos tristeza, ¿podríamos realmente valorar la alegría? 

Si nunca sintiéramos miedo, ¿entenderíamos la verdadera sensación de valentía, de logro? 

Si jamás conociéramos la rabia, ¿seríamos capaces de apreciar la paz?


Las emociones negativas son esenciales porque nos enseñan, nos hacen crecer y, sobre todo, nos conectan con el mundo. Ser humano no es solo experimentar momentos de felicidad, sino sentirlo todo, en toda su intensidad. Porque al final del día, como ya he mencionado anteriormente, vivir es sentir, y sentir es la prueba de que estamos aquí, compartiendo esta experiencia con otros que, al igual que nosotros, buscan su camino; y que mejor que demostrando una humanidad que no solo se define por la alegría, sino también por la capacidad de acompañar en el dolor.


Valeria Melissa Pacheco Mena



 
 
 

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