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Salvador Díaz Mirón: antología poética

  • Miguel Angel Rodríguez
  • 4 feb 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 23 feb 2025

Hijes del olvido

3 de febrero, 2025


Quien diría que de los azarosos tiempos de la revolución mexicana emergieron manuscritos solemnes, empuñados con temple en la lírica y reverberantes de pasión. Salvador Díaz Mirón; personaje ilustre de principios del siglo XX, se amarró los pantalones al cintillo para demostrar que detrás de un macho acaudalado, se ocultaba un hombre de corazón indómito, lleno de melancolía y sinceridad.


Sus arrebatos impulsivos contrastaron con su elegancia al escribir. Fungió en cargos importantes de la administración pública: diputado federal, director de periódicos gobiernistas e instituciones académicas. Dotado de habilidad poética gracias a su padre, el Coronel Manuel Díaz Mirón, que le dejó un recopilatorio de versos, el joven Salvador se inició en la prosa a la edad de 23 años, expresando su afición incauta hacia las mujeres y la dicha de la audacia masculina. También fue un gran orador, destacado por sus participaciones en el Congreso de la Unión en las que le dió voz a las agendas minoritarias. Sin embargo, nunca logró apaciguar su gallardía para el bien:  se iba a los golpes contra sus adversarios e incluso asesinó a uno de sus contrincantes cuando este se le puso al brinco durante una contienda política. Pasó más de cuatro años en prisión, estancia en la cual su habilidad oratoria se esfumó para siempre. En cuanto a su poesía, el encierro significó una metanoia: le otorgó a su escritura un carácter pulcro y conciso. Por eso se dice que su obra está dividida en dos etapas: la primera; cuando se aventuró en los versos, y la segunda a partir de su estancia en la cárcel, en 1892. 


Tras ser absuelto se mudó a Xalapa, donde publicó “Lascas”, su único volumen, en 1901. Pero la aparición de sus escritos ocurrió en Nueva York (1895) cuando salieron a la luz, sin su consentimiento, sus primeras poesías. En 1913 estuvo a cargo del diario El Imparcial, en donde difundió algunos poemas. Los últimos años de su vida fueron un vaivén de polémicas; entre ellas un prolongado exilio en España y la Habana (Cuba). Falleció el 12 de junio de 1928 en el puerto de Veracruz. Su cadáver fue trasladado a la ciudad de México el día 14 para darle sepultura en la Rotonda de los Hombres Ilustres, por acuerdo del Presidente de la República.  


Blancas y finas resultan sus poesías para el lector erudito, o  para aquél desventurado en el amor que se va adentrando en la literatura. Manuscritos en los que retrata la desolación asfixiante al estar atrapado en una prisión mental que rebobina tus desgracias. O en esas noches de insomnio, preguntando a la luna “¿Por qué?” Esa mujer obstinada a no amarte merodea por los pasillos como “El Fantasma” de los sueños rotos. Salvador Díaz Mirón es un regalo para el patriotismo, que no le envidia nada a Dylan Thomas, ni a los poetas del viejo continente; ajenos a la experiencia mexicana. Con el vigor de un águila y la libertad de una paloma blanca, la prosa de este autor se asemeja a la gloria por ganar la “Pugna Sagrada”. 


Miguel Ángel Rodríguez Pagola


 
 
 

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