Los dos Maradonas.
- Carlo Clavellina
- 17 abr 2025
- 2 Min. de lectura
En el Punto.
Por Carlo Clavellina
En el 2001, frente a una Bombonera repleta que coreaba su nombre, Diego Armando Maradona, el chico de los botines sueltos y la melena alocada que sirvió de faro para el puerto de Nápoles, estandarte de lucha para la dolida Argentina del 86 que en las gambetas del “Pelusa” obtuvo consuelo y que, también, era el ejemplo perfecto del “pudo ser, pero no fue”, se retiraba del futbol. Y ahí, bajo la mirada de todo el mundo, Maradona aceptó sus errores y pronunció las míticas palabras: “la pelota no se mancha”.
¿No se mancha? ¿En nada afecta los escándalos que tuvo el pobre Maradona? Recordemos que en el mundial del 94 salió del campo acompañado de una señorita enfermera por dar positivo en una prueba anti doping. Y es verdad, Maradona será siempre el astro, el fenómeno del futbol que causó amor y odio entre los hinchas, muy a costa de sus noches en vela y la llegada del maldito polvo blanco en su vida. ¡Qué jugador nos perdimos!
Y su caso no es una excepción, tristemente es una regla casi siempre escrita en el deporte que los grandes héroes tienen también sus grandes demonios. ¿Qué boxeador pudo ser Julio César Chávez de no haber sido por el perico y el alcohol? Tal vez esa imagen de un “César” derrotado en la esquina, incapaz de salir al sexto round contra Grover Wiley en su última pelea, pudo ser evitada. ¿Qué hubiera sido de Mike Tyson si nunca hubiera ido a prisión? ¿o Ronaldinho pudo ser más allá de lo que Pelé llegó? Incógnitas del mundo que solo Dios puede saber. Y es aquí donde se plantea la pregunta: ¿es válido separar al hombre del deportista?
En junio del 2007, el famoso luchador y Campeón Mundial Peso Pesado de la WWE, Chris Benoit, cometió el asesinato de su esposa y su hijo, ahorcándose un día después. El hecho no solo conmocionó al mundo, sino que también le valió a la superestrella ser borrado de la historia completa de la WWE, a pesar, de que la investigación sugiere que la causa de esta tragedia es fue el daño cerebral producido en Chris por los numerosos golpes en su cabeza producidos al luchar. Si separamos al hombre del atleta, los hechos lamentables que cometió siendo quizás una victima más de su propio deporte, él sería una de esas estrellas que jamás llegó a brillar como debió hacerlo, quedando en la memoria colectiva y la admiración completa, tal como Salvador Sánchez lo es para los fanáticos del boxeo.
¿Injusto? Por supuesto que sí, pero también es cierto que es difícil separar lo que hicieron en la cancha o en el ring, de lo que hicieron en su vida. En mi opinión, esas personas fallaron, cometieron sus errores, pero los héroes, los atletas, esos pusieron a países enteros al filo de sus butacas para ver jugar a Maradona o ver la pelea del César en el Azteca. Es ingrato hasta cierto punto borrar o juzgar lo que hicieron fuera de su disciplina. Porque sí, las personas la cagan, cometen errores, pero el deportista, el héroe, la pelota, no se mancha.



Comentarios