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¿Los atraigo locos o yo los vuelvo locos?

  • Foto del escritor: Amaral Paola García Canales
    Amaral Paola García Canales
  • 12 feb 2025
  • 4 Min. de lectura

AMARALMENTE HABLANDO

12 de febrero, 2025


Recibí algunas críticas después de publicar mi último escrito. Muchos me dijeron que estaba demasiado centrada en mis emociones, que solo hablaba desde lo que sentía sin dar una perspectiva más amplia o reflexiva. Y la verdad, tenían razón. No fue el tipo de texto que acostumbran a esperar de mí, pero en ese momento, necesitaba sacar todo lo que llevaba dentro. A veces, el dolor y la confusión son tan grandes que no se pueden encajar en un marco lógico, simplemente salen de forma cruda y directa. Sin embargo, he decidido darle un giro y tomar un enfoque diferente en esta ocasión. Hoy quiero explorar algo que me ha estado rondando la mente desde hace tiempo, algo más allá de mis sentimientos: ¿por qué todas mis relaciones, incluso las más fugaces, terminan siendo tan intensas, obsesivas y, en algunos casos, insanas? ¿Soy yo quien atrae a estas personas o las empujo hacia esa locura? Vamos a hablar de esto.


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A veces me pregunto si tengo un imán para atraer a los más intensos o si, de alguna manera, los vuelvo así. No importa si estuvimos en una relación larga, un romance breve o simplemente algo pasajero; siempre hay un punto en que la persona que estaba tan equilibrada al principio se transforma en alguien diferente: controlador, obsesivo, incluso posesivo. Es algo que he notado en todos los hombres con los que he tenido algo, incluso en aquellos con los que nunca llegué a tener una relación formal. A veces, siento que soy el catalizador de esta locura. O tal vez, simplemente, todos ellos ya traían su "locura" de fábrica, y yo solo fui el detonante. ¿Será que los atraigo locos o yo los vuelvo locos?



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Las señales estaban ahí… pero no las vi


Si me pongo a revisar mi historia con las personas que han sido parte de mi vida de alguna forma, noto patrones que se repiten. Al principio, todo es perfecto. Se presentan como la persona ideal: atentos, amables, cariñosos, con detalles que parecen genuinos y que me hacen sentir especial. Crecen las expectativas, la idea de que por fin he encontrado algo real. La química es tan buena que me hace pensar que finalmente he encontrado a alguien que vale la pena.


Pero en algún momento, casi siempre de forma abrupta, las cosas empiezan a cambiar. La atención que al principio era agradable se convierte en un control silencioso. El interés por saber cómo estoy, se convierte en la necesidad constante de saber qué estoy haciendo, con quién estoy, qué me está pasando. La gente comienza a cruzar límites, a no aceptar respuestas como "no quiero hablar de eso" o "necesito espacio". Y lo peor es que, aunque intento poner un alto, la presión sigue, y en muchos casos, se intensifica. En un par de ocasiones, hasta me han seguido, se han presentado donde yo no esperaba, me han buscado con una insistencia que raya en lo enfermizo.


Este patrón ha sido constante. No solo con mi ex, quien sigue siendo un tema delicado y complejo, sino con muchas otras personas. Cada uno, a su manera, pasó de ser alguien que parecía racional a alguien que no podía comprender la idea de que, tal vez, yo no estaba tan comprometida como ellos pensaban. La obsesión, el control y la manipulación emocional se volvieron las piezas clave de esas relaciones.



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¿Es culpa mía?


Aquí llega la parte difícil: ¿soy yo quien provoca que esto suceda? Si observo con detenimiento, veo cómo podría haber permitido ciertas dinámicas sin darme cuenta. Tal vez me entregué demasiado rápido, o tal vez no establecí los límites necesarios desde el principio. La duda de si soy la causante de esta “locura colectiva” siempre está presente. ¿Será que mi forma de amar es tan intensa que termina ahogando a la otra persona? Tal vez me dejo llevar por la emoción, por la ilusión de una conexión profunda, sin darme cuenta de que no todos están buscando lo mismo que yo. Y cuando eso no ocurre, me sorprende ver cómo alguien puede transformarse en algo que no esperaba.



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¿Ellos ya estaban locos o la locura florece conmigo?


Por otro lado, está la posibilidad de que no sea solo mi culpa. Tal vez, simplemente, ellos ya estaban desequilibrados, buscando una excusa para desatar sus inseguridades, su miedo al abandono o su necesidad de controlar. En muchos casos, he tenido la sensación de que, aunque no lo admitan, buscan a alguien que les haga sentir completos, alguien que les permita sentirse importantes a toda costa. Cuando esa expectativa no se cumple, la frustración se transforma en control. Y es ahí donde surge la locura.


Entonces, quizás la respuesta no sea tan sencilla. Puede que yo sea un catalizador, un reflejo de lo que ellos no saben manejar. O tal vez simplemente, nos atraen unas vibraciones mutuas que nos arrastran a esta vorágine emocional.



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¿Qué hago con esto?


Hoy, ya no me quedo con las respuestas fáciles. No puedo seguir pensando que todo depende de la otra persona, pero tampoco creo que todo sea culpa mía. Lo que sí sé es que tengo que aprender a reconocer las señales, a poner límites claros y a no permitir que mi vida se convierta en un campo de batalla emocional. La reflexión no es solo sobre el porqué de la situación, sino también sobre cómo evitar caer en estos patrones una y otra vez. Ya no quiero más relaciones que se conviertan en un campo de obsesiones o luchas de poder.


El verdadero amor no debería ser así. Y aunque aún no tenga todas las respuestas, sé que puedo encontrar la paz en el momento en que empiece a valorar mi espacio y mi bienestar por encima de las expectativas ajenas. Quizá la verdadera pregunta no es ¿por qué me pasa esto? sino ¿cómo dejo de permitirlo?


Y por ahora, eso es lo que más importa.



Por: Amaral García





 
 
 

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