El corazón, nunca elige a quien amar
- Amaral Paola García Canales

- 28 ene 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 12 feb 2025
AMARALMENTE HABLANDO
28 de enero, 2025
Amar es un acto que escapa a las leyes de la lógica. Por más que tratemos de racionalizarlo, de darle forma a través de nuestras expectativas, el amor simplemente sucede. Nos gusta pensar que tenemos el control, que podemos elegir cuidadosamente a quién abrimos nuestro corazón, pero la realidad es que el amor se nos impone, casi como un capricho del destino, como si una fuerza externa nos moviera hacia personas que jamás habríamos imaginado. Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué el corazón no elige de manera sensata, previsible, coherente?
Tal vez porque el amor no responde a razones, sino a emociones que operan en un nivel más profundo, en ese rincón de nuestra psique que no se rige por la voluntad, sino por el instinto, el deseo y la conexión. No importa cuánto idealicemos la idea de encontrar al "alguien perfecto," porque la perfección no tiene nada que ver con el amor. Y quizás sea aquí donde reside una de las mayores ironías de este sentimiento: muchas veces, amamos precisamente a quienes no encajan en nuestra idea del amor. Amamos desde el misterio, desde lo inexplicable, desde el choque de dos mundos que no deberían converger, pero que lo hacen.
Esta falta de elección nos desarma, nos obliga a enfrentar nuestras propias contradicciones. ¿Por qué amamos a quienes nos hacen daño? ¿Por qué el corazón se apega a quienes no pueden o no quieren correspondernos? ¿Por qué rechazamos a quienes nos aman con devoción? A menudo, el amor parece un espejo que refleja las partes más ocultas de nuestra alma: nuestras inseguridades, nuestros miedos, las heridas que no hemos sanado. Tal vez por eso nos sentimos atraídos por aquello que desafía nuestra estabilidad, por personas que despiertan en nosotros algo tan intenso que nos aterra.
El amor, en su forma más cruda, es una fuerza disruptiva. Nos saca de nuestra zona de
confort, nos obliga a replantearnos quiénes somos y qué queremos. Pero también es
profundamente humano no poder corresponder siempre de la misma manera. Es doloroso
reconocer que alguien nos ama profundamente y no ser capaces de devolver ese
sentimiento. No porque nos falte empatía, sino porque el corazón no responde a la lógica de
la reciprocidad. Y aquí surge otro cuestionamiento: ¿es el amor algo que simplemente
sentimos o algo que construimos?
A lo largo de la historia, hemos romantizado la idea del "amor verdadero" como algo que debería ser mutuo y eterno. Sin embargo, la experiencia demuestra que el amor es mucho más complejo, que no siempre llega cuando lo buscamos, ni con la persona que esperaríamos. El corazón no elige porque no puede ser guiado por deseos superficiales o premeditados. Nos conecta con el otro desde algo más profundo, desde lugares que ni siquiera entendemos de nosotros mismos. Amar no es un proceso lógico, sino un acto que surge desde lo más visceral, a menudo sin aviso y sin explicación.
Pero esta falta de control también puede ser aterradora. Nos pone frente a la vulnerabilidad, frente al hecho de que el amor nos puede exponer, quebrar, transformar. Es un recordatorio de que somos frágiles, de que no siempre somos los dueños de nuestras emociones, y de que, a pesar de nuestros intentos por darle un sentido, el amor seguirá siendo algo indomable. Quizás sea esa incertidumbre la que nos fascina tanto: no saber a quién amaremos, cómo ni por qué, pero sentirlo como una fuerza que nos atraviesa y nos cambia para siempre.
Y entonces volvemos al inicio: si el corazón nunca elige, ¿qué hacemos con los sentimientos que no podemos controlar? ¿Es posible encontrar equilibrio entre lo que sentimos y lo que deseamos, o estamos destinados a ser arrastrados por las corrientes de un amor que nunca nos pertenece del todo?
Amaral García




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