La nostalgia prematura: ¿por qué sentimos que el tiempo se nos escapa tan rápido?
- Mirbill Valeria León Calderón
- 2 abr 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 3 abr 2025
Crisis de los 20"s
Escrito por: Mirbill Valeria León Calederón
A los 20s, nos encontramos en una paradoja extraña: somos jóvenes, pero nos sentimos viejos. Miramos atrás y nos invade la nostalgia por cosas que apenas ocurrieron hace unos años. Nos aterra la idea de que el tiempo se nos escapa y de que, de alguna manera, estamos llegando tarde a nuestra propia vida. Pero, ¿por qué sentimos esto tan pronto?
La presión de “aprovechar” la juventud
Vivimos con la idea de que la juventud es un periodo limitado y que si no lo exprimimos al máximo, lo estamos desperdiciando. Nos bombardean con frases como ‘vive ahora, que luego te arrepentirás’ o ‘los mejores años de tu vida son estos’. Entonces, cada decisión, cada momento de descanso, cada experiencia que no se siente lo suficientemente emocionante nos genera ansiedad. Como si cada día fuera una cuenta regresiva.
Las redes sociales y la obsesión con la inmediatez
En Instagram, TikTok o cualquier otra plataforma, vemos a gente de nuestra edad (o incluso más jóvenes) logrando cosas extraordinarias: emprendiendo negocios millonarios, viajando por el mundo, triunfando en sus carreras. Nos hacen sentir que estamos atrasados, que deberíamos haber alcanzado más logros a esta edad. La comparación constante con vidas editadas nos roba la capacidad de disfrutar el presente y nos llena de una prisa injustificada.
Las redes también han acelerado nuestra percepción del tiempo. Las tendencias van y vienen en cuestión de semanas, los recuerdos de ‘hace un año’ aparecen en nuestra pantalla y nos hacen sentir que fue hace una eternidad. Lo que vivimos ayer ya parece lejano, y lo que nos espera mañana parece insuficiente para alcanzar todo lo que queremos. Nos hemos acostumbrado a medir nuestra vida en términos de contenido compartido: si no lo publicamos, ¿realmente sucedió?
Aplicaciones como Facebook e Instagram nos muestran constantemente ‘memorias’ de años anteriores, y en lugar de ser un simple recordatorio de momentos felices, a veces se convierten en detonantes de nostalgia. Nos hacen pensar en cómo ha cambiado nuestra vida, en las personas que ya no están, en los sueños que teníamos y que quizás no hemos cumplido. Y así, nos quedamos atrapados en una comparación con nuestro propio pasado, sintiendo que siempre estamos en un punto intermedio entre lo que fuimos y lo que queremos ser.
Pero si lo pensamos bien, cada etapa de nuestra vida estuvo llena de momentos que, en su momento, parecían ordinarios y que hoy recordamos con cariño. Es posible que en unos años miremos hacia atrás y sintamos nostalgia por el presente que hoy vivimos. Entonces, ¿por qué no empezar a apreciarlo desde ahora?
¿Cómo dejar de sentir que el tiempo se nos escapa?
Dejar de medir la vida en logros. No todo se trata de cumplir metas antes de cierta edad. No hay una línea del tiempo correcta para nadie.
Consumir redes con consciencia. Recordar que lo que vemos es una versión editada de la realidad, no una competencia de quién vive más rápido.
Enfocarse en el presente. La nostalgia es bonita, pero vivir en ella no nos permite disfrutar lo que tenemos ahora.
Aceptar que el tiempo pasa, y está bien. Crecer no significa perder la juventud, sino darle otro significado.
Crear recuerdos en lugar de solo revivirlos. En lugar de aferrarnos al pasado, podemos enfocarnos en hacer del presente un momento que valga la pena recordar en el futuro.
Desconectarnos de la prisa social. No estamos tarde para nada. No hay prisa. La vida no tiene fecha de caducidad, y la juventud no es una carrera contra el reloj, sino una etapa para ser vivida sin miedo.
No podemos evitar que el tiempo pase, pero sí podemos decidir cómo lo vivimos. En lugar de obsesionarnos con lo que fuimos o con lo que deberíamos ser, podemos abrazar la realidad de lo que somos ahora. Tal vez, en lugar de lamentarnos por el tiempo que creemos estar perdiendo, podríamos empezar a vivirlo con más intención.



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