En el punto: ¿Sin violencia la corrida? Mejor nadota.
- Carlo Clavellina
- 25 mar 2025
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Por Carlo Clavellina.
Pues sí, ya fueron aprobadas las corridas de toros “sin violencia” en la ciudad de Méico. Entre otras cosas, la iniciativa propone prohibir la muerte del toro dentro o fuera de la plaza, el uso de objetos cortantes que hagan daño al toro, solo permitir la muleta y el capote, proteger los cuernos del animal y limitar la corrida a diez minutos. Y si me preguntan a mí, esto solo deja a la tauromaquia sin brazos ni piernas, desangrándose, pero sin morir, tal como un toro a media suerte, y eso es una muestra de tibieza porque, si la vamos a matar, hay que matarla bien, y si no, dejémosla vivir.
La propuesta no tiene contentos ni a ambientalistas ni a los aficionados a las corridas, y en parte los entiendo, las nuevas formas que busca esta “innovación” para desarrollar la tauromaquia, le arrancan su esencia sin terminarla de prohibir, es como si al boxeo le quitaran los golpes y solo se permitiera tocar al rival, que al futbol le quitásemos los goles o que prohibieran el consumo de alcohol en un juego de beisbol. El punto es que cortar las corridas de esa forma está mal, prohibir su principal razón de existencia sin erradicarlas del todo es un terrible error. Y no es que esté a favor de ese mundo, ni siquiera le encuentro sentido, pero considero que la medida se basó únicamente en un “quedar bien” pero que no resuelve el problema en sí.
Y es que la corrida, lo acepten o no, es desde su concepto violenta y completamente irresponsable hacia con el animal. El toro no tiene oportunidad de ganar porque toda la faena está diseñada para hacerlo perder. Al inicio, el picador (que es el sujeto montado en el caballo con una lanza) “pica” al animal para quitarle su carrera “bronca” y hacerlo correr con la cabeza baja y en línea recta, ideal para el toreo. Los banderilleros le clavan las banderillas para desangrarlo y agotarlo entre más tiempo pase. Y finalmente el torero, escondido tras su traje de brillos que se confunde con las gradas del recinto y que ha estudiado al toro en todo este tiempo, le da muerte hasta con su espada doblada (sin albur) para terminar la barbarie.
Y quizás Clara Brugada puede venir y decirme “por eso ya solo se permitirá torear y no matar al toro”, pero por favor, el simple hecho de agarrar al animal a muletazos, para mí ya es un hecho de violencia contra él, de estresarlo innecesariamente. Si a los gallos de pelea, a los toros de los jaripeos y a los caballos de feria los defendemos de ese tipo de prácticas ¿por qué a los toros no?
En fin… la propuesta ya fue aprobada, distintos estados de la república comenzaron a trabajar en sus propias versiones de ésta y, probablemente, veremos un nuevo modo de tratar al toro “humanamente”, al menos a medias. Mientras tanto, yo debo aguantar a los señores pesados diciendo que “esto es un error” y muy a mi pesar, debo darles la razón. A ellos, y a David Faitelson.



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