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En el punto: Se vende historia en remate.

  • Carlo Clavellina
  • 18 mar 2025
  • 2 Min. de lectura

Por Carlo Clavellina.


En México, el futbol se vive con una pasión distinta, un color único a diferencia del resto del continente que, sin embargo, muy poco se le reconoce frente al resto del mundo. Aún así, uno de los sitios o elementos mexicanos de futbol más reconocidos en el plano internacional, es el Estadio Azteca, recinto que vio jugar a las mejores estrellas del futbol mundial como Maradona o Pelé, y que fue casa de eventos tan icónicos como la pelea entre Chávez y Haugen. Sin embargo, ahora resulta que, por motivos de patrocinio, el inmueble pasará a llamarse Estadio Banorte, y aunque esta no es la primera vez que el Azteca cambia de nombre, sí es, para mí, la peor y más insultante de todas.


La razón de mi indignación por el cambio de nombre, radica en que el Estadio Azteca no es sólo un recinto de eventos masivos, sino que ya es parte de nuestra identidad nacional, es una de los patrimonios mexicanos que, nos guste o no, deben preservarse. Cambiarle el nombre a una marca privada, es como si al Templo Mayor le pusiéramos el “Templo Telmex” por ejemplo, suponiendo que esa empresa realizara los trabajos para su conservación. Y sí, estoy consciente de que el Estadio Azteca es un inmueble privado con fines lucrativos, que hay muchísimos estadios con nombres patrocinados (el Estadio Caliente, Akron, BBVA, tan sólo en México) y que nosotros no tenemos ni voz ni voto para decir como una empresa privada quiere nombrar su propiedad, pero considero que, por su importancia, historia y eventos que ha presenciado, el estadio superó por mucho esa definición, ya es parte de nosotros, ya es un emblema nacional.


El cambio de nombre es una aberración y una falta de sentimiento de pertenencia por parte de Banorte y Grupo Ollamani, quienes son los propietarios del estadio. Yo no veo que el Santiago Bernabeú se llame “Estadio Emirates Ailines”, que el Monumental sea “Estadio Codere” o que el Maracaná piense si quiera en un nuevo nombre, ¿por qué? Porque en España, Argentina y Brasil saben de la importancia de su estadio. Aquí en México no, bastaron 2 mil 100 millones de pesos para cambiar una historia, solo porque las remodelaciones para el mundial sobrepasaron la capacidad económica de sus dueños.


Y aunque el estadio en el Mundial 2026 seguirá siendo Azteca porque la FIFA prohíbe el uso de nombres de marcas comerciales no patrocinadoras del torneo en los estadios, y la gente le seguirá diciendo “Azteca” aunque la fachada diga lo contrario, tal como pasa con el Foro Sol, lo cierto es que al menos en el papel, una parte de nuestra historia futbolística ha sido vendida, todo por una copa del mundo donde solo nos tocan migajas para disfrutar.


 
 
 

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