En el punto: Forcados, vivir para tomar al toro por los cuernos.
- Carlo Clavellina
- 20 feb 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 23 feb 2025
Escrito por Carlo Clavellina.
La tauromaquia siempre había estado presente en mi vida desde que tengo memoria, tal vez porque mi padre es un hombre chapado a la antigua, lo que hacía que los domingos por las tardes la televisión en mi casa se volviera una especie de sucursal de la Plaza de Toros México. Incluso, cuando era niño, quería ser torero, pero el tiempo fue cortando poco a poco esa costumbre familiar de ver las corridas, además de descubrir que me atemorizaban hasta las vacas.
Como sea, hacía bastante tiempo que no pensaba en los toros, mucho menos ahora, con la poca difusión que se le da a esta práctica que antes solía ocupar la portada de cualquier periódico deportivo. Sin embargo, esta semana volví a recordar esas tardes de tauromaquia con mi padre (que admito, no eran las más entretenidas) y pensar en la única suerte que hasta el día de hoy me parece atractiva: los forcados.
Originarios de Portugal, los forcados son un grupo de ocho hombres que intentan someter a un toro e inmovilizarlo, para después soltarlo y que uno de ellos sostenga el rabo del toro, haciendo que éste de vueltas en círculos para intentar alcanzarlo. Ahora, no sé si me he expresado bien, pero estamos hablando de ocho sujetos contra un toro, enfrentándolo al tú por tú, con maromas y trucos incluidos… ¿cómo no fascinarse con ello?
Muchos de los que defienden este mundo de los toros, argumentan que se trata de un combate entre la fuerza bruta de una bestia, contra la inteligencia y técnica del hombre. Los forcados, sin duda, son la expresión máxima de esto. Y es que el forcado, a diferencia del torero, está desarmado, no tiene capote ni espada, está desnudo ante la mirada del toro, el cual, no está dolido por el picador, no se desangra por banderillas previamente clavadas, es un animal de lidia entero.
En la suerte, el primer forcado se enfrenta a un animal de quinientos kilos corriendo hacia él, y con una técnica precisa y milimétrica, toma al toro por los cuernos, y donde un error se convierte en algo fatal; los siguientes van tomando uno a uno al toro con su fuerza, en unión, pues un forcado da la vida por los otros y ellos por él. Cuando el toro cede y se detiene, el último, como un valiente a quien llamarían demente, toma el rabo y se deja llevar por la fuerza del toro en la arena de la plaza. Y lo más impresionante, lo más surreal, es que no cobran ni un centavo por aquello, todo es amor puro a su suerte.
Sí, tal vez las corridas de toros no sean la actividad tan aceptada como antes, puede ser cruel e inhumano, pero dentro de todo ese mundo, un forcado es esa muestra de valentía, de inteligencia, de técnica y de valentía que debe recordarnos que a la vida como al toro, se le toma por los cuernos.



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