El Ojo en el Cielo, presente en México.
- JOSE RODRIGO ORTIZ QUIROZ
- 13 abr 2025
- 3 Min. de lectura
Encore
13 de abril, 2025
La noche del 9 de abril de 2025, la Arena Ciudad de México se transformó en una cápsula del tiempo, donde las décadas se disolvieron entre luces, acordes y memorias. Alan Parsons, leyenda viva del rock progresivo, regresó a la capital mexicana con su "Live Project", entregando un concierto que fue mucho más que un repaso por sus grandes éxitos: fue una experiencia multisensorial, una ceremonia de precisión musical y emoción contenida.

Desde tempranas horas, los alrededores de la Arena vibraban con una energía particular. Fanáticos de todas las edades —algunos con camisetas de The Turn of a Friendly Card, otros con vinilos bajo el brazo— se congregaban bajo el cielo citadino, compartiendo anécdotas y expectativas. Dentro del recinto, más de 20 mil personas esperaban ansiosas mientras las luces se atenuaban y una voz en off anunciaba el inicio del espectáculo.
A las 21:00 en punto, el escenario cobró vida. Iniciando de manera espectacular, Don’t Answer Me incitó el coreo del público y la bulla colectiva. Parsons, con su figura elegante y su presencia serena, se mantuvo mayormente detrás de los teclados y la consola de sonido, dejando que su impecable banda brillara. Cada miembro fue presentado con respeto y admiración, y todos respondieron con ejecuciones sólidas y apasionadas.

I Wouldn’t Want to Be Like You, con la participación de Alex Syntek; Time y La Sagrada Familia resonaron con una fuerza emocional. Las proyecciones visuales, que acompañaban cada tema con imágenes cósmicas, relojes flotantes, ciudades futuristas y paisajes oníricos, complementaban perfectamente la estética sonora de Parsons: ciencia, humanidad y nostalgia.
Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con Old and Wise. La interpretación fue contenida, íntima, casi como un susurro compartido entre artista y audiencia. Muchos en el público —especialmente los de la vieja guardia— se dejaron llevar por las lágrimas. No era sólo una canción: era un puente hacia sus propias historias, pérdidas y aprendizajes.

Finalmente, como acto triple y entre destellos de luces azules y una atmósfera envolvente, los primeros acordes de Sirius rompieron el silencio, como si de un ritual sonoro se tratara. La ovación fue inmediata. Sin dar tregua, enlazaron con Eye in the Sky, el himno que ha marcado generaciones, y cuya letra —“I am the eye in the sky, looking at you”— fue coreada por miles, como una declaración atemporal.
El concierto formó parte de una breve pero significativa gira por México, que incluyó paradas en Monterrey y Puebla. En todas, Parsons dejó claro que, a pesar de los años, su talento y su compromiso con la calidad artística siguen intactos. A sus 76 años, no sólo dirige un espectáculo impecable, sino que logra algo más difícil: conectar emocionalmente con miles de personas a la vez.
La producción del evento fue digna de una leyenda del estudio: sonido envolvente, iluminación cuidada al detalle, visuales sincronizados con cada beat, y una narrativa sonora que fue creciendo en intensidad hasta el gran final con Games People Play, que hizo saltar a toda la Arena y cerró la noche con un estallido de energía.

Al salir, el murmullo colectivo era unánime: “¡Estuvo de huevos!” y “Me encantó la parte de…”, mientras compartían la alegría que solamente los conciertos brindan. Algunos salieron con los ojos vidriosos, otros con la sonrisa de quien ha visto algo único. Y es que el concierto de Alan Parsons no fue un simple espectáculo de rock; fue una celebración de la elegancia musical, una clase magistral de cómo se construye una carrera sólida, honesta y sin concesiones.
Así, bajo el cielo de abril, Alan Parsons reafirmó su lugar como arquitecto sonoro, como testigo de generaciones y como creador de atmósferas que, incluso en tiempos modernos y vertiginosos, siguen resonando con una claridad conmovedora. Los dejo con la recomendación musical de la semana. Chao.

Rodrigo Ortiz "Orogrid"



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