Cuando ni tú misma te reconoces
- Mirbill Valeria León Calderón
- 18 mar 2025
- 3 Min. de lectura

No sé en qué momento dejé de saber quién soy.
A veces me miro al espejo y siento que veo a una extraña. Alguien que se parece a mí, pero que no soy yo. Como si me hubiera desdibujado poco a poco hasta convertirme en una versión borrosa de lo que alguna vez fui.
No sé si es la edad, el cansancio, las expectativas que pesan o el miedo a tomar una decisión equivocada. Solo sé que hay días en los que me cuesta trabajo reconocerme, en los que todo lo que antes me gustaba ahora me parece ajeno, en los que me pregunto si alguna vez voy a encontrar una respuesta a esa pregunta que da vueltas en mi cabeza: ¿qué quiero?
El limbo de no saber qué hacer con tu vida
Nos vendieron la idea de que a cierta edad deberíamos tenerlo todo claro. Que a los veintitantos ya deberíamos tener una meta, un plan, un propósito. Pero nadie habla de lo aterrador que es darse cuenta de que no tienes nada de eso.
No saber qué quieres es una sensación angustiante. Es mirar a tu alrededor y sentir que todos avanzan menos tú. Es cambiar de opinión cada cinco minutos porque nada te convence del todo. Es pensar que cualquier decisión que tomes podría ser la equivocada, así que mejor no tomas ninguna.
Y lo peor es que te sientes sola en esto, porque parece que los demás ya encontraron su lugar en el mundo mientras tú sigues flotando en un limbo existencial. Pero la verdad es que muchas personas también se sienten así. Solo que nadie lo dice en voz alta.
¿Y si nunca encuentro lo que quiero?
Esta pregunta es un nudo en el estómago. Porque si no sabes quién eres, si no sabes qué quieres, ¿cómo avanzas? ¿Cómo tomas decisiones? ¿Cómo te mueves sin un mapa que te diga a dónde ir?
Pero tal vez el problema no es no saber qué quieres. Tal vez el problema es creer que tienes que saberlo todo ahora.
A veces nos obsesionamos tanto con encontrar un propósito que nos olvidamos de vivir. Nos castigamos por no tener una respuesta clara, en lugar de darnos la oportunidad de explorar.
Tal vez no tener certezas es parte del proceso. Tal vez perderte es la única manera de encontrarte.
Volver a ti, poco a poco
Si hoy sientes que no te reconoces, si sientes que te has perdido, aquí algunas cosas que podrían ayudarte a reconectar contigo misma:
Deja de buscar respuestas inmediatas.
Está bien no tenerlo todo claro. La vida no es un examen en el que tienes que saber todas las respuestas de inmediato.
Escucha lo que te emociona.
Aunque sea algo pequeño. Tal vez no sabes qué quieres a largo plazo, pero ¿qué te emociona hoy? ¿Qué harías si no tuvieras miedo?
Rodéate de personas que te recuerden quién eres.
A veces, cuando no podemos vernos con claridad, necesitamos que alguien más nos sostenga el espejo.
Date permiso de cambiar.
Tal vez la versión de ti que fuiste ya no encaja, y eso está bien. No tienes que ser la misma persona para siempre.
Vive el presente.
No todo tiene que ser sobre el futuro. No todo tiene que tener un propósito. A veces, solo hacer algo porque lo disfrutas es suficiente.
Y si sigues sin saber qué quieres…
Está bien. No tienes que descubrirlo todo hoy.
Tal vez nunca llegue un momento en el que digas “ahora sí, lo tengo todo claro”. Tal vez la vida no se trata de encontrar un destino final, sino de moverte, de cambiar, de aprender y de permitirte ser muchas versiones de ti misma antes de encontrar una que te haga sentir en casa.
Y mientras tanto, sigue caminando. Aun cuando te sientas perdida, sigue adelante. Porque incluso cuando no lo parece, sigues avanzando.
Y, en algún momento, sin darte cuenta, te encontrarás de nuevo.



Comentarios