CORAZON ROTO: ¿Cómo seguir adelante cuando el dolor no se detiene?
- Mirbill Valeria León Calderón
- 6 feb 2025
- 3 Min. de lectura
Por: Valeria León
Nunca pensé que el corazón podía doler físicamente hasta que lo sentí romperse en el pecho, como si el aire pesara tanto y cada respiración fuera un recordatorio de que algo se había roto dentro de mí. No fue un solo momento, no hubo una despedida épica de película, como mis películas favoritas clásicas de los 2000’s.
Fue un silencio que se alargó demasiado, un mensaje que nunca llegó, una ausencia que empezó a pesar.
Lo más difícil de tener el corazón roto no es el llanto a las tres de la mañana, ni los recuerdos que te sorprenden en medio de una canción. Es la vida misma. Es tener que levantarte a estudiar, trabajar, hacer actividades de tu vida diaria y tener que fingir una sonrisa cuando por dentro sientes que te estás desmoronando. Es responder “estoy bien” después de que te preguntan “¿cómo lo llevas?” porque explicar lo contrario sería abrir una herida que no sabes cómo cerrar o que ni siquiera estás lista para hablar sobre ello.
Perder a alguien que amaste es como perder una parte de ti misma. No solo se va la persona, se va la rutina de los “buenos días”, las llamadas interminables que duraban horas, los planes que tenían para cuando se vieran de nuevo, la certeza de que había alguien al otro lado del teléfono que te sostiene a pesar de estar a la distancia y, de pronto, el mundo que construiste alrededor de esa relación se derrumba. Solo que el mundo afuera sigue igual, ajeno a tu dolor.
Hubo días en los que no quería salir de la cama. Días en los que solo quería desaparecer entre las cobijas, días esperando que el dolor se esfumara por sí solo. Pero el dolor es terco. Se queda.
y la ausencia de tu persona se sienta contigo a la mesa, camina a tu lado por la calle, se esconde en el fondo de cada canción. Y ahí entendí algo: no se trata de huir de esa ausencia, se trata de aprender a vivir con ella hasta que deje de doler tanto.
Si estás leyendo esto y te sientes igual, quiero decirte que no estás sola. No tengo fórmulas mágicas ni promesas vacías, pero hay cosas que estan ayudando a encontrarme de nuevo, aunque sea de a poco:
Permítete estar mal. No hay un “tiempo límite” para sanar. Llora si lo necesitas, grita si hace falta. No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
Haz espacio para ti. A veces nos perdemos tanto en una relación que olvidamos quiénes éramos antes de amar. Recupera esos pedacitos: ese hobby que dejaste, ese libro que nunca terminaste, esa canción que te hace sentir viva.
Rodéate de gente que te sostenga. No tienes que contarle todo a todo el mundo, pero tener a una amiga, un familiar, alguien que simplemente esté ahí, puede ser un salvavidas.
Celebra pequeñas victorias. Hoy lograste salir de la cama. Mañana quizá puedas dar un paseo corto. Cada paso cuenta, incluso si parece insignificante.
Habla contigo misma con cariño. No eres menos valiosa por haber amado. No eres tonta por haber creído. No estás rota, solo estás en proceso de reconstruirte.
Sanar no es lineal. Hay días en los que parece que avanzas y otros en los que el dolor te arrastra de nuevo. Y está bien. No hay un final perfecto para esta historia, pero sí hay un futuro donde el dolor se siente más liviano. Donde te ríes sin culpa. Donde miras atrás y ya no duele tanto.
No estás sola en esto. Yo tampoco. Estamos aquí, viviendo un proceso que aunque parece difícil, está lleno de aprendizajes y de experiencias para volver a encontrarnos a nosotras mismas. Y créeme que ese día llega.



Comentarios