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Comunidad vs fandom

  • Foto del escritor: Ilai Valencia
    Ilai Valencia
  • 4 feb 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 23 feb 2025

READY, SET, ¡GEEK ON!

3 de febrero, 2025


¿Qué onda, fanáticos? ¿Qué les parece? ¿Les gusta ese nombre? ¿O prefieren el término “comunidad”? Justo ahora los más grandes deben estar confundidos, o quizás no tanto, pero puedo asegurar que a varios de los que nacieron después del 2000 les dio un pequeño ataque tras haber sido nombrados con una variación del término “fan” y es que por más que los fandoms sean parte importante de la cultura popular y de la dinámica social en el nuevo milenio, también se ha generado un fuerte odio y rechazo hacia estos grupos de personas y a cualquier tema relacionado con estos, y se ha utilizado como un motivo de críticas, burlas e incluso, dándole un sentido ofensivo a llamar a alguien “fanático”; véase el caso de artistas como Justin Bieber o sagas como Harry Potter, que parecen haber perdido valor alguno por el solo hecho de contar con una sólida base de seguidores fervientes como las believers (fandom de Bieber) o los potterhead (fandom de Harry Potter).


Es por esto que, en un intento por defender sus gustos y su dignidad, las personas más jóvenes dentro del internet se han encargado de generar diferencias entre unos grupos y otros, negando la posibilidad de pertenecer a un fandom porque resulta vergonzoso y, por supuesto, “imposible que uno de nosotros pueda estar en uno, eso es para gente obsesionada” ¿O no? Y lo más increíble es que estas ideas no sólo provienen por parte de los seguidores, sino que los mismos artistas y famosos se han dado a la tarea de mantener su imagen limpia y fuera de controversias oponiéndose a la idea de contar con su propio club de fans, y desestimando cualquier comentario en el cual se implique o se afirme que tiene seguidores fieles, sosteniendo que no es así, pues las personas que le admiran no lo “siguen ciegamente” ni se encuentran atrapados en un enamoramiento desmedido por ellos. Por otro lado, profundizan en el por qué cuentan con una comunidad, aquella que disfruta de su trabajo pero es capaz de tener opiniones propias y bajo su propio criterio, tomar decisiones sensatas sobre su actuar, sin tener esta obligación casi jurada de proteger de cualquier negativa a su ídolo, pues en realidad, una comunidad no tiene uno.   


Así, de repente surge una separación entre un fandom y una comunidad, que radica según aquellos que mantienen presente dicha guerra, son mundos diferentes en su totalidad. Por eso, aunque a menudo escuchamos hablar de ellos como sinónimos y hasta cierto punto, podríamos pensar que son lo mismo, hay algunas diferencias clave entre estos dos conceptos que dichos grupos se han encargado de explicar durante años. Ambas son formas de reunir a personas con intereses comunes, pero tanto su dinámica de convivencia como su manera de interactuar con la obra o el  artista, como su enfoque varían, o al menos esto es lo que nos quieren hacer creer.


Si bien, esto puede parecer bastante válido, sobre todo tomando en cuenta las trágicas historias que han venido arrastrando los fandoms con ellos, la realidad es que pareciera más ser un circo de las personas para sentirse superiores al resto como consecuencia de lo dura que ha sido la sociedad con lo relacionado a la feminidad -tema que abordaremos a profundidad más adelante en otras entradas- y adjudicando comportamientos nocivos de estos segmentos a las mujeres, por ende, dejando en manifiesto que pertenecer a un club de fans es algo de chicas como sinónimo de ser malo y humillante. Si nosotros buscamos en internet la diferencia entre una comunidad y un fandom, este nos arrojará resultados sobre cómo un fan interactúa con otros creando más contenido sobre ese gusto en común, como comics, au´s, canciones, fanart, entre otros, mientras que de una comunidad se espera un disfrute natural de una obra pero manteniendo siempre su distancia con el producto o figura, cosa que podemos desmentir en hechos con una visita corta a cualquier red social donde se encuentre una fanbase. 


Al final, parece que depende de cada uno de nosotros promover los comportamientos correctos para socializar en un grupo; disfrutar de un producto no tiene porqué ser un motivo para sentir pena ni mucho menos es un pase libre a los demás para humillarnos o hacernos sentir menos. Como individuos, debemos marcar dichos límites en nosotros, no imponerlos al resto, porque un verdadero cambio empieza en uno mismo. ¿Cómo hacer más ameno un ambiente en una fanbase? Simple, respetando el espacio de la figura que se admira y de lo que ofrece al mundo, aprecia sus obras y su contenido, disfruta los rasgos que te gustan y ¿por qué no? opina sobre aquellos que no te agradaron del todo pero siempre con los pies en la tierra porque, te lo prometo, la muerte de un personaje en una serie no es el fin de los tiempos. Tómate con calma el tema, pues en el momento en que se deje de sentir como un relax y se convierta en una necesidad o peor, en una obligación, algo no va bien. Otro consejo importante es conocer los “boundaries” de a quien admiras, pues esto suele llevar a un espacio seguro para convivir. Recuerda que no importa si te consideras fan, seguidor, parte de una comunidad, ni el título que decidas que te acompañe como símbolo de una pasión, ¡lo importante es compartir y divertirse!


Y bueno, hasta aquí lo dejaremos por esta ocasión, nos leemos en una semana, en otra publicación de su zona geek de confianza, Ready, set, ¡Geek On! Hasta la próxima, fanáticos.


Ilai Valencia


 
 
 

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